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ENGLISH
Una crítica de Kokko, San Mateo - por Patricia UntermanKokko sirve pinchos de pollo fenomenales19 February 10
Como los franceses, que inventaron una cocina entera, completa con vino, los japoneses tienen sus propios platos especiales que se acompañan bien con la cerveza. Robata-yaki, los pinchitos de carnes saladas asadas al carbón con verduras, exigen la sabrosa y vigorizante cerveza de barril japonesa. Ahora el área de la bahía tiene a Kokko, un restaurante estilo robata dedicado a los de pollo, los pinchos más apreciados de todos. De hecho, el nombre onomatopéyico del restaurante imita el canto del pájaro de corral. Aunque no hay barra de robata, la concurrencia predominantemente japonesa puede ver a los atractivos cocineros asadores, con la cabeza envuelta en bandana azul, trabajando con precisión en una cocina parcialmente abierta. El local de cielo raso bajo y enchapado en madera era anteriormente una taquería paro ha sido transformado en una taberna japonesa acogedora y alegre. Los clientes se sientan a pequeñas mesas de madera separadas por banderines de algodón. Las camareras japonesas, jóvenes y animadas recogen formularios – en los que cada mesa marca los pinchos que quiere – y toman los pedidos de bebidas y platos que no son de pinchos. Entregan la comida plato por plato, lo que permite a la cocina asar cada pincho perfectamente, y da a los comensales amplia oportunidad de beber jarras de Asahi o Sapporo al compás del hip hop emitido por el sistema de sonido. Alisten los lápices. Estos son mis pinchos preferidos, comenzando, por supuesto, con los de pollo: pernil jugoso ($2.20); corazón tierno, sustancioso ($2.40); dulce hígado de pollo, de bordes quebradizos untados con la salsa tradicional yakitori de sake, azúcar, soja y mirín ($2.20); molleja salada, elástica ($2.20). Tsukune, albóndigas de pollo, son algo desabridas, la piel del pollo demasiado flácida. Algunos pueden querer pechuga, pero no yo. Puesto que cada persona puede comer fácilmente el equivalente de seis u ocho pinchos, incluso dos comensales pueden crear una comida muy variada, si comparten. Trozos cilíndricos del puerro blanco japonés ($2.20) tienen una encantadora piel negreada por el carbón de leña y un interior suculento. Las nueces gingko asadas ($1.20) del tamaño de bolitas de cristal, son suaves, almidonosas y un poquito amargas. A mi me gustan, pero a otros no. Pero a todos les encantan los blandos y suaves chiles shishito asados ($2), bajo una nevada ahumada de bonito raspado. Un pincho de huevos duros de codorniz ($2) de yema cremosa, es frotado con pasta de mostaza picante que coge el sabor del fuego. Me recuerda de los huevos a la diabla. La lengua de res apenas asada a la parilla ($2.70) evoca el bistec, igual que la pechuga de pato ($3), ambas sustanciosas y llenas de umami. La cocina prepara otros platos de pollo maravillosos. Desafío a cualquiera a hacer bolitas de pollo fritas más jugosas y crocantes, llamadas karaage ($6.95). Rara que soy (tengo que forzarme a no comerme las uñas), soy adicta al cartílago frito de pollo, nankotu karaage ($6.50), que es suavemente quebradizo adentro y crujiente afuera. Siempre termino con un tazón laqueado cubierto del oyako don de Kokkos ($8.95), suculento pollo deshuesado, huevo todavía flojo y montones de cebolla, al vapor, sobre arroz en caldo dulce, sabroso. Es una de las mejores versiones que he probado. Como entrada, considere un pincho grande de cremoso dengaku de berenjena japonesa, cubierto con salsa de miso dulce y oscura ($5.95) con la piel acariciada por la candela y el interior untuoso, suave. Una ensalada de cintas de daikon raspado en aderezo de ciruela agria, parece viva con los raspados de bonito ondulantes ($5.95). Para mí, una copa de vino dulce de ciruela con hielo ($4.50), como una gaseosa japonesa, va casi tan bien con la robata como la cerveza de barril ($4.25/vaso). Después de cenar, salgo prácticamente cacareando de alegría. KokkoUbicación: 509 2ª Avenida, San Mateo |
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